Ciudad de México, 14 de junio de 2011, 12:00 hrs. Camino por la calle República de Argentina. Estoy frente a la Librería Porrúa, y el iPhone, contemporáneo aleph, susurra para mí una voz: la de Jorge Luis Borges. No, no me habla por teléfono. Escucho una grabación: el álbum Borges por él mismo. Formato mpeg4.
Hoy, 14 de junio, se cumple su vigésimo quinto aniversario luctuoso, y quise venir a República de Argentina para recordar otras caminatas. Cerca del mediodía (hoy o algún día, lo mismo da), la voz de la grabación avanza: “ir en coche a la muerte, qué cosa más oronda…” Recorro la calle México, en Buenos Aires, Argentina. Es abril de 2003. Tengo más luces y menos sombras.

La viandante frente a la antigua Biblioteca Nacional.
Buenos Aires, abril de 2003.

Tomo otro sorbo de mi té (hierbabuena, menta, estragón). También hoy este otro hoy es mediodía y escucho a Borges. Al siguiente teclazo en la PC, por fin encuentro en mi memoria la antigua Biblioteca Nacional. Después de una ardua pesquisa. Me habían dicho que sería fácil: “Cualquiera sabe dónde está.” Pero no cualquiera sabe dónde estuvo. (Olvidé que tiene leche de soya: otro sorbo de té.)

“Yo, que anhelé ser otro”, dice Borges mientras avanzo por República de Argentina. La Librería Porrúa me provoca un vuelco en el músculo cardiaco. Orgánico, fisiológico, anatómico, de entrañas: entrañable esto que siento. Hace tantos años que no andaba por aquí. En la Porrúa cambié un vale de libros que me dieron en la preparatoria. Uno de los que escogí fue del gran ciego (el porteño, digo). “El laberinto múltiple de pasos”, me dice la voz, y dejo atrás la calle de San Ildefonso.
La viandante en el vestíbulo de la antigua Biblioteca Nacional,
hoy Centro Nacional de la Música.
Buenos Aires, abril de 2003.
(Ya no fumo: otro sorbo de té.) Cuando por fin llego frente a la Biblioteca Nacional, no puedo dejar de evocar a Paul Groussac: el otro ciego que la dirigió. Otro paso por República de Argentina “me dio a la vez los libros y la noche”; otro paso, en la calle México, hacia la entrada de la Biblioteca Nacional “de esta ciudad de libros hizo dueños a unos ojos sin luz”; otro teclazo y la grabación prosigue. El policía me impide entrar, aunque le explico que soy gran admiradora de Borges “yo, que me figuraba el paraíso bajo la especie de una biblioteca”; consigo sólo pasar al vestíbulo, donde el músculo cardiaco da su respectivo vuelco. “Al errar por las lentas galerías suelo sentir con vago horror sagrado que soy el otro, el muerto…”
Me alejo por donde vine: por la calle México que ha quedado en mi memoria. Una estudiante con libros bajo el brazo me empuja al pasar en la calle República de Argentina. Detengo la reproducción en el iPhone. Guardo el archivo y apago la PC.
© 2011, Iliana Rodríguez.

Escribe un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s