Grietas

Todo se agita en esta torre de naipes. En esta torre huesos. 19 de septiembre. Tlatelolco. A unos metros, se derrumba un edificio. Oímos el grito colectivo. Vemos, por la ventana, un muro de polvo. ¿Otra vez tengo dieciséis años? ¿Acaso corro por la escalera? ¿Logro bajar al estacionamiento de un edificio futuro, que aún no existe, en Coyoacán, tan lejos? No se daña. Aquí cerca no hay grito, no hay polvo. Pero sé que las grandes grietas cruzan mi propia columna. La carne de mi ciudad, otra vez herida. De algún modo perverso, regreso a Tlatelolco.
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Victoria vuela

Victoria —ángel de oro, mujer dorada— contempla la avenida. Le pesa ser estatua. De pronto, sus alas se sacuden. Cobran vida. Luces extrañas surcan el oscuro cielo. Victoria vuela. (Allá, lejos, informan que ha temblado.)

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La foto

Por las mañanas, en su estudio en Río de Janeiro, Eduardo Martins revisaba en la Web las fotos de la guerra en Siria. Tomaba su café con leche mientras escogía alguna, la modificaba, le añadía su propio rostro. Comía su pan a la plancha mientras vendía la foto a las agencias. Quizá, después del desayuno, quedaba convencido de que era un héroe: un fotógrafo en Aleppo.

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Socavón

Vimos cómo se abría un socavón en el cruce de las calles de Colón y Humboldt. Del ingente agujero comenzó a salir el agua a borbotones. No se detuvo hasta alcanzar el Paseo de la Reforma. De ahí, el líquido se derramó, serpiente, hacia la iglesia de San Hipólito olvidado. Era el mes de agosto. La rediviva laguna reflejaba las nubes memoriosas.

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La pesca

Un pequeño mar creó en una casa de Houston el huracán Harvey. Cuando el dueño atrapó un pez en su propia sala, la esposa se inundó de extraña felicidad.

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Laberintos

Espiaba un espejo en mi habitación. Creí ver adentro un gran ciego —un vidente— extraviado en el laberinto de sus libros.

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Nochixtlán

Una boca, como de jaguar, gime. Y la neblina se tiñe de grana por los seres preciosos que mataron hoy.

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Pulse

Una ráfaga contra nosotros disparó. Nuestras sangres —siempre libres— fluyeron hacia otro mar.

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Muhammad Ali

Pregunta por qué los ángeles son blancos. Cambia su nombre —nombre de esclavo, dijo— por su nombre verdadero.

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Daga

La daga de hierro de Tutankamón no se ha oxidado, a pesar del tiempo. Su entraña eterna cayó del espacio en un meteorito.

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