Iliana Rodríguez Zuleta

Texto de la presentación del libro: Rosina Conde, Que es un soplo la vida, Mexicali, Baja California, CETYS Universidad, 2023.

Leído en la Feria del Libro de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México 2023.

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El libro Que es un soplo la vida, de Rosina Conde, contiene exclusivamente poemas dedicados a sus muertos queridos: sus padres Mabel y Jorge; sus amigos artistas y escritores, como Felipe Ehrenberg, José Dimayuga, Xhevdet Bajraj, David Huerta, Daniel Sada y Francesca Gargallo, entre otros, y también las llamadas muertas de Juárez, junto con todos los asesinados y violentados en nuestro país.

Se puede decir que estos poemas son elegías, pero varias de ellas son elegías sui generis, ya que hay en ellas una actitud vital, válgame la paradoja, ante la muerte. Por ejemplo, en el poema dedicado a su padre se lee: “Bailo a solas, padre; / reviso la lista de invitados, / y anuncio las coplas que acompañarán tu cortejo. / Esta será la última fiesta a la que asistas: tu fiesta” (29).

La despedida de los seres queridos se celebra, en varios lugares de México, precisamente como una suerte de fiesta, con música, bebida, y comida para todos, por varios días. En el poema titulado “Testamento”, se asienta: “Bacanora, sotol, una marimba; / son jarocho plagado de recuerdos; / un tequila, un mezcal, cimba que cimba / que acompañen mi paso sempiterno” (48).

La música tiene un lugar muy importante en este libro, no solamente porque la poeta es también cantante sino porque la música aparece como referente. En el título ya se alude al tango “Volver”, que recordamos en la voz del Zorzal Criollo, Carlos Gardel:

Volver

con la frente marchita.

Las nieves del tiempo platearon mi sien.

Sentir

que es un soplo la vida,

que veinte años no es nada,

que febril la mirada

errante en las sombras, te busca y te nombra.

En el libro de Rosina se tiene también la sensación de que, apenas nos damos cuenta, la vida se ha ido ya, como en las coplas de Jorge Manrique, que toma de epígrafe:

Recuerde el alma dormida,

avive el seso y despierte

contemplando

cómo se pasa la vida,

cómo se viene la muerte

tan callando […].

La fugacidad nos lleva de regreso a la música, que también fluye, como arte temporal que es. El poemario se inunda de géneros musicales, entre ellos el blues. Se oye también el eco del piano que tocaban en las reuniones familiares en la casa de los Conde:

Mabel quería ser enterrada;

Jorge, incinerado.

Como él murió primero,

ella pidió que hiciéramos lo mismo con su cuerpo,

              21 años después.

Ahora posan juntos sobre el piano de pared,

ese instrumento que durante años alegró la sobremesa familiar,

alternando con el acordeón, la guitarra,

los bongós, las maracas,

y la voz cantante de mis padres (45).

Asimismo, hay baile. Baile a solas, como un ritual de ausencia. Dice la escritora en el poema a su padre: “Bailo / y a solas acompaso el sonido de tus pasos con el tap del mediodía” (19). En este mismo poema extenso hay músicos y peticiones de piezas, pero la gente llora: “Paradójicamente, todos lloran… / y yo me ofusco, / pues tú querías partir en medio de cantos y algarabías” (29).

Esta ofuscación se relaciona con una auto caracterización de la autora, a través de la mirada de otros: “Los que me miran piensan que soy de roca, / que no siento el dolor de tu partida”, pero, en realidad, confiesa: “A solas lloro” (22). Otro tema cercano al llanto a solas es el llanto descompuesto, al estilo de Rosario Castellanos. Recordemos que esta, en su famoso “Autorretrato”, refiere:

En cambio me enseñaron a llorar. Pero el llanto

es en mí un mecanismo descompuesto

y no lloro en la cámara mortuoria

ni en la ocasión sublime ni frente a la catástrofe.

Lloro cuando se quema el arroz o cuando pierdo

el último recibo del impuesto predial.

En cambio, declara Rosina Conde: “Lloro por las cosas pequeñas / y por las grandes también, / y a veces no distingo entre unas ni otras: / lloré cuando vi en televisión a Enriqueta Basilio encender la Llama Olímpica […] / Lloro, también, con las cifras de las muertas de Juárez” (53). A diferencia de Castellanos, en el poema de Conde se llora (también) por los sucesos terribles, como los feminicidios. Como es sabido, la idea del llanto, en nuestra sociedad, se ha construido como una característica femenina.

Otros rasgos de la feminidad están presentes en el libro, como la familiaridad del trato y el cariño hacia la madre. En el poema dedicado a ella, la continuidad de la vida con la muerte es notoria. Los finada vive realmente en la actividad cotidiana, como en el hecho de que la hija le pida una receta: “Es tan difícil mencionar tu ausencia, madre, / porque te siento viva; / porque aún levanto el teléfono para cantarte un chachachá / y pedirte una receta” (42). Ahí también está la música, por cierto.

Casi todo se dice en un estilo conversacional, como si la poeta estuviera platicando con sus amigos y familiares (vivos) sobre los otros amigos y familiares, quienes ya se marcharon del mundo. Así pues, el poemario constituye una suerte de tertulia, en la que somos invitados también los lectores. Pero la plática, sobre todo, se desarrolla con los muertos, ya que a ellos se dirige a menudo la autora: “Te pasaste una vida bailando con la Pelona” (65), se dice en un poema. “Hoy soñé que te veía, que tomábamos un café de molido italiano / a la sombra de un sicomoro mexicano” (75), se lee en otro texto.

Ligado con la oralidad está el uso de los regionalismos en estas charlas elegíacas. Por ejemplo, la palabra cashora. Aprendí el significado de esa palabra con la misma Rosina Conde, pues la usó como título de su novela Como cashora al sol. Se trata de una suerte de lagartija, según recuerdo. En Que es un soplo la vida, aparece así la palabra: “El sol brilló alumbrando la multiplicación de peces y cashoras, / delfines y ballenas” (39). Y en otro poema: “Y hoy confiada, paseando inadvertida, / movióme el piso, me quitó la estera, / soltándome cual cola de cashora” (71). Otra palabra regional, creo, es cashanillas, un tipo de planta: “Juntos, entre pitahayas y cashanillas” (38). Habrá que notar que, debido a la pronunciación norteña, Rosina escribe con “sh” estas palabras, no con che.

Otras palabras y otras frases, no exclusivamente las regionales, indican la misma inclinación por la oralidad. Por ejemplo, la porra que le echa a su amigo Felipe Ehrenberg:

¡Cachún, cachún, /

ra, rá.

Cachún, cachún,

ra, rá.

A la bio, a la bao,

a la bim, bom, bam,

Felipe, Felipe,

ra, ra, rá! (68).

En ese mismo poema se lee la dedicatoria de corte coloquial: “Pa’l Gelipe, ¡de quien tanto aprendí!” (67). Este sabor a oralidad fluctúa entre el verso libre y la versificación tradicional española, con métrica y rima, en algunos de los poemas de Que es un soplo la vida.

Mención especial quiero hacer del texto dedicado a nuestro compañero Xhevdet Bajraj, el cual es francamente elegíaco: triste y desgarrado, tal vez porque el aludido venía de una tierra desgarrada, Kosovo, en la antigua Yugoslavia, y de una experiencia no solo triste sino terrible. La escritora se sirve de la frase que él usaba en sus talleres de poesía para alentar a sus alumnos a comentar y modificar los poemas de otros: “Si el poema fuera mío”. En el texto de Rosina:

Si el poema fuera mío,

como decías,

le quitaría la guerra;

le quitaría el sufrimiento de tu cuerpo,

la angustia del terror, la cárcel y la persecución;

quitaría todo aquello que te hiciera atravesar el mundo

para huir del exterminio

y de la imagen de tu perro acribillado ante tus ojos (77).

Desafortunadamente, el pasado no se puede corregir, aunque mucho fantaseamos con ello: “Pero el poema, el poema / no es mío. / ¡Adiós, amigo!” (78), remata Rosina Conde su texto.

La desolación en estos poemas, al final, se presenta como una charla para seguir en contacto con aquellos que se adelantaron. Con quienes se fueron físicamente, pero perduran en la memoria de quienes, por el momento, estamos vivos.

Universidad Autónoma de la Ciudad de México, Plantel Del Valle, Ciudad de México, 22 de agosto de 2023.

Rosina Conde lee poemas de su libro. Foto: Rosario Covarrubias, 2023.

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