[…] Hildegarda aseguraba que la luz de un TOPACIO bastaba para leer las oraciones en una capilla oscura. […]

No en la Biblioteca de Babel
sino en la vieja Biblioteca Nacional
—Calle México, Buenos Aires, Argentina—,
invidente y visionario,
por los pasillos deambulaba.

Que los ojos ciegos sean topacios:
se derrame la luz de los adentros.

© 2013, Iliana Rodríguez.

(De: Iliana Rodríguez, Lapidario, México, Fósforo-Secretaría de Educación Pública-Instituto Nacional de Bellas Artes-Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 2013.)

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